Llevo modelando figuras de arcilla desde los 12 años, participé en distintos talleres, de escultura, cerámica y dibujo que me fueron posibles en la época escolar. siempre hubo en mis, manos un lápiz, un carboncillo y un papel en blanco. Siempre sentí el impulso de trasformar los materiales, el cartón, el barro, la madera para hacer realidad lo que me mente veía en esos simples materiales, desnudos de forma.
Mis primeros materiales, serios para expresarme, fueron el óleo, la acuarela, el carboncillo, y la arcilla. Como todos los niños, quedaba absorbido por el deseo de copiar una y otra vez, manos, ojos, brazos, paisajes, caballos, etc. Siempre he sentido que el arte esta presente en una gran parte de mi cerebro. Todo lo que construía lo regalaba desinteresadamente. A cualquiera que me decía, que ¡bonito!, yo decía: “¡Toma!, a mi no me gusta”. Siempre pensando en repetir la obra una y otra vez.
Creo que el movimiento de las artes marciales no dista en absoluta de esa idea primigenia, que habitando en mí, me hace ver los movimientos de las artes marciales, como pinceladas de esculturas vivas en movimiento que trasciende a su uso, militar. No veo diferencia entre trazar con un pincel, perfilar contornos en el barro con los dedos, o girar con mi cuerpo y detenerme en una posición de estabilidad.
A menudo fui criticado, por artistas que poseen sus estudios y talleres asentados en las orillas del río. Escultores, Maestros, Artistas Marciales, Bailarines. Ellos defendiendo sus parcelas. Y no les falta razón, yo no tengo sus pilares, sus cimientos. Pero yo no quiero ser clavado al suelo, no quiero ser cegado. Yo habito en el río, en el agua que fluye entre ellos: expresionistas, cubistas, clásicos, modernistas…. Libre y vacío, voy donde quiero.
Clavados al suelo por el yugo de sus propias definiciones, por sus propias limitaciones. Defendiendo la posición y visión de su mente. Los unos, los artistas, ensimismados viven perdidos en el mundo de las formas y colores. Opuesto a ellos los otros con un mente racional, matemática, científica o filosófica, que sólo ven la realidad definida por la conclusión lógica de sus pensamientos. Los pragmáticos, ni artistas ni teóricos, dan por sentado que la realidad es aquella que pueden tocar con sus sentidos.
Para mi, no hay barrera entre esos tres mundos. Veo el arte de la ciencia, la ciencia de la guerra, la guerra del arte. Eso me hace distinto, pero no equivocado.
ESCULTURA.
Busco en la realidad, mediante la fuerza que da la meditación apreciando en una segunda mirada, lo que los ojos no ven.
Intento inspirar sensaciones, sentimientos perpetuados en la solidez de una figura, que se puede tocar, en una figura que expresa movimiento en su quietud, que cuenta una historia, una vida, de alguien quien se detuvo en la vida para sentarse y reflexionar. Un hombre meditando no es una figura, detenida, es fuerza, una potencia que esta a punto de levantarse y seguir su camino. Como lo es la mente del artista.
Toda trabajo de escultura es un equilibrio entre dos fuerzas, la fuerza del creador que se esfuerza en arrancar de los materiales la idea, y la fuerza de los materiales que se resiste a cambiar su forma. Todo con el objetivo de que el observador pueda al contemplar la obra final percibir la pugna que hubo, el combate sutil, que brincó, desde el desolador espacio vacío hasta la consecución y aparición de la figura. Trabajando con las manos pacientemente, se va despertando el alma de la obra. Yo me empeño en pelearme con esas dos energías hasta que llegan a un acuerdo, ceder ambas. Sumarse y crear el todo.
Yo baso mi escultura, en la dinámica de las formas onduladas e integradas, donde el numero 3 siempre esta presente. Trato de que el material, el yeso, la escayola, la madera, trasmute en un escenario cambiante, ya que esta pensado para que sea observado desde un punto de observación y bajo unas condiciones de luz especiales que el espectador a de descubrir. Esa ocultación ese juego con la luz, con las sombras, con las formas, con los surcos en tres, hace que la obra trate de hacer trascender los sentidos del espectador que ha de trasformar su mirada, para poder descubrir la obra.
Trato de canalizar la energía tridimensional, para que el espectador descubra cambiando su posición, distancia, las distintas emanaciones que provienen de una única figura. En realidad trato de construir deformando las proporciones, como así lo hicieron los antiguos griegos, egipcios o romanos en las columnas en los templos, para que dependiendo del ángulo de observación la figura emita, destellos y señales distintas de las que se pueden alcanzar a percibir en caso de que el observador tan solo dedique un vistazo rápido a la obra.
La luz es el secreto de la obra. Fue bocetada de día, pero perfilada y trabajada de noche. Perfilada bajo la luz de las velas, para observar la evolución de la luz en movimiento. Ese sutil ronronear de la luz de una vela que cambia su posición por el movimiento del aire, haciendo que la luz se difumine, tintinee y genere una sensación de movimiento de apenas un centímetro.
MI INSPIRACION
Me inspira la ley perpetua del movimiento, en la ley de la rueda de la vida, del cambio, de la reencarnación y de la transformación del ser, que constituye la definición de la vida. Vida que genera la semilla, semilla que genera nueva vida.
Son obras imperfectas, no tratan de ser copias de la realidad, no aspiro a una perfección de las formas, ni a una perfección que hoy se puede trasmitir con la fotografía. Jamás he pretendido dominar la técnica, como los grandes escultores: Miguel Ángel, Rafael, Bernini, Francois Rude, artesanos, artistas, maestros del cincel, del espíritu y de la visión.
Yo solo juego con la luz, con las formas con los significados alegóricos de la teología Budista. Tan solo trato humildemente, de hacer que el observador descubra el budismo. Me esfuerzo en hacer que fluya la luz, que la figura creada combine el día y la noche. Que haga que la mente del visitante, tras años de estudio en la práctica del Chan/Zen comprenda sobre la dualidad y evolucione. Es la mente del observador lo que puede llegar a hacer que la obra evolucione, la libere de su quietud. Mientras tanto permanece sentada.