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With the Art

 

MÚSICA

 

INSTRUMENTO DE CUERDA.  EL ARCO

De niño quedé cautivado tras la visita a las cuevas de Altamira. Cautivado por aquellas imágenes de hombres y animales grabados en piedra hace 15.000 años. Al igual que aquí, cientos de yacimientos arqueológicos por todo el mundo,  cientos de cuevas nos dejaban ver un pedazo de la historia, en la que el ser humano, peleaba, se integraba con la naturaleza, para su desarrollo y supervivencia. El ser humano comenzó a usar el Arco.

La imagen de un instrumento de guerra, formado por un cuerpo de madera y una cuerda me cautivó. Un instrumento que revolucionó la historia del ser humano, que evolucionó la caza, la estrategia, los comportamientos y las costumbres de los seres humanos.

Llevo años meditando sobre este instrumento y sobre su evolución. En que momento un objeto militar, fue la base de los instrumentos de cuerda que hoy en día nos permiten deleitar nuestro espíritu con obras como, las cuatro estaciones de vivildi.

En qué momento de la historia, el ser humano descubrió que el arco poseía unas cualidades y una energía en el vibrar de su cuerda que manipulada con destreza, produciría sonido, Música. Es algo que me llena de profunda emoción.

Con el paso de los siglos, este instrumento de guerra fue tomado por los maestros del Chan/ Zen trasformando de nuevo su sentido, su significado, sus modales, su uso, su destino, dotándole de cuerpo y de una alma distinta.

Esta constante ley cósmica de la evolución y del perpetuo cambio, esta ley Budista y ley universal, me hizo no quitar mi mirada de este objeto de guerra, que se trasforma para hacerse, violín, Chelo o guitarra. Como arquero y como monje Chan/Zen, el tercer movimiento, investigar la vibración de un instrumento de cuerda, era una cuenta pendiente.

 

INSTRUMENTO DE CUERDA. LA GUITARRA

El Arcipreste de Hita en el “libro de Buen Amor” escrito en 1.330 menciona ya la guitarra original, una de tres cuerdas y otra de cuatro. En 1.555, Fray Juan Bermudo en su “Declaración de Instrumentos”  habla de la guitarra de cinco cuerdas, anterior a la que se conoce como la quinta cuerda añadida por el poeta Vicente Espinel, al rededor del 1600.

Más adelante en el siglo XVIII, Jacob Otto agregó la sexta cuerda, y por último en 1964 el maestro Narciso Yepes, añadió cuatro cuerdas graves, revolucionando la guitarra.

A finales del siglo XVII, la historia de la guitarra moderna se trasformó con el español Francisco Tárrega,  creando la escuela moderna. Creando una nueva manera de colocar las manos y pulsar las cuerdas.

Ya en el siglo XX el Gran Maestro Andrés Segovia, trasformó la guitarra, en conjunto con los luthiers para obtener lo que hoy llamamos “Guitarra clásica” , realizada con madera de más calidad, cuerdas de Nailon, produciendo sonidos más graves y profundos.

Y por último en 1964 el maestro Narciso Yepes, añadió cuatro cuerdas graves, revolucionando la guitarra todavía más.

Todo un alarde de refinamiento e inteligencia, que me hace reflexionar sobre el mundo, el ser humano, y el Chan/Zen.

 

MI APRENDIZAJE.

A mi maestro, Iñigo Alonso.

Tengo hacia el y tendré siempre una deuda de infinita gratitud. Gratitud por su dedicación, por su valentía y gran paciencia. Pocos maestros llegan a entender tan bien y a superar la difícil tarea de tomar a otro maestro como alumno. Más cuando el alumno, esta impedido, como lo es en mi caso.

Gracias por cambiar el método oficial, que con tanto sacrificio usted aprendió para adaptarlo a mi y mis limitaciones, rompiendo todos los esquemas del formalismo y la profesionalidad, por el bien superior de que la música fluya de sus manos a las mías. Eso demuestra no solo maestría y conocimiento de la guitarra sino demuestra su humanidad

Gracias por el impagable esfuerzo de tomarme, en este momento de mi vida, en el que mi accidente hace que mis dedos no sigan sus explicaciones. Cuando un guerrero cae en la batalla herido, como es mi caso, sólo otro maestro guerrero se detiene, te tiende la mano, te alza y te coloca de nuevo en la cabalgadura.

Gracias por levantarme, Maestro.

 

MI SUEÑO

Cuando toqué por primera vez la guitarra, era un joven que tan solo quería hacer sonar una canción, “Romance anónimo”. No le encontré mayor placer que la dificultad natural de controlar la fuerza de los dedos. Pasaron muchos años enfocado en cumplir mi sueño. Sueño donde la guitarra, su disciplina y el sacrificio de las horas necesarias para hacerla rugir no tenia, cabida.

Tras mi brutal accidente o enfermedad, que me ha apartado del entrenamiento, decidí sumergirme obsesivamente en el “Chi Kung” y en la “Meditación”  como técnica de reparación y auto curación. Fue entonces cuando a pesar de haber perdido muchas capacidades físicas y de control neuromuscular, decidí apuntar con mi arco y mi conocimiento Chan/Zen al estudio de la guitarra.

Sin embargo no recibiría la guitarra esta vez según los cánones más puros. Quería  cumplir mi estudio del Chan/Zen, Meditación y Chi Kung aplicado a la guitarra. Eso significaba que la posición clásica  usada por los maestros, no me serviría. Yo decidí aún en contra de todo, variar la posición. Quería tocar la Guitarra desde la posición de Loto. Quería colocar el centro de la guitarra pegado a mi “Tan Tien”, el centro Universal del abdomen, el lugar por donde fluye el Chan. Al mismo tiempo, medité mucho sobre lo que quería conseguir de la fuerza de este instrumento. Debía poner mi huesos en contacto con la caja de resonancia, para notar las vibraciones de las cuerdas en todo mi esqueleto. Esto variaría la posición del ángulo del rasgueo y pulsación de la mano derecha, y también el ángulo de presión de la mano izquierda. A pesar de que mi maestro me ha aleccionado sobre los problemas derivados de no poseer una posición formal, correcta, me ha aceptado dentro de su grupo de alumnos.

 

MI SENTIMIENTO

Notar la fuerza de una guitarra Clásica, en medio del abdomen y notar la vibración de cada una de las notas en la caja de resonancia que es mi cuerpo, es un placer indescriptible. Nunca estaré capacitado para dar un concierto, nunca conseguiré que el sonido sea lanzado hacia el exterior con limpieza y claridad, consiguiendo mostrar la inmensa paleta de sonidos y colores de este instrumento. Nunca llegaré a conseguir explotar la gran belleza, pureza y densidad que este instrumento merece.

Sin embargo en mi interior, la vibración, los colores, los matices son inmensos. Mis dedos no me permiten expresar plenamente lo que mi mente, mi corazón y mis entrañas están escuchando. La vibración, la potencia de las ondas, el mantenimiento de las notas hacen que la guitarra, este precioso arco de guerrero, vibre en sintonía, en tono con el espíritu de los movimientos que mi cuerpo ha ejercitado durante miles de horas con mi espada.

Los dedos, golpeando suavemente las cuerdas, convierten las notas que el autor dibujó en su mente, en vibraciones, en golpes que afinan mi espíritu y las cuerdas de las que estamos hechos todos en el interior. Haciendo que cada célula, cada fibra de mi cuerpo, sea forzada a cambiar, retada a vibrar “en tono”, naciendo en mi interior la sustancia del sonido, el equilibrio del color, la profundidad de la nota, la definición del ritmo, del tiempo.

Puro placer interior.

Gracias, maestro.

PINTURA

 

Mis primeros materiales, serios para expresarme, fueron el óleo, la acuarela, el carboncillo, y la arcilla. Como todos los niños, quedaba absorbido por el deseo de copiar una y otra vez, manos, ojos, brazos, paisajes, caballos, etc. Siempre he sentido que el arte esta presente en una gran parte de mi cerebro. Todo lo que construía lo regalaba desinteresadamente. A cualquiera que me decía, que ¡bonito!, yo decía: “¡Toma!, a mi no me gusta”. Siempre pensando en repetir la obra una y otra vez.

Durante años creía que el movimiento de las artes marciales no dista en absoluta de esa idea primigenia, que habitando en mí, me hace ver los movimientos de las artes marciales, como pinceladas de esculturas vivas en movimiento que trasciende a su uso, militar. No veo diferencia entre trazar con un pincel, perfilar contornos con los dedos en el barro o girar con mi cuerpo y detenerme en una posición de estabilidad.

Pero no llegué a comprender la pintura ni el arte hasta que no me adentre en el concepto del Chan/Zen. Es el que aplico, ahora en la escultura, en la fotografía, en la poesía, en la música, en la pintura y los movimientos de mi espada, mi Tai Chi, o mi Kung-Fu.

 

LA VERDADERA MANERA DE PINTAR

Atrás dejé el óleo, las acuarelas, los cuadernos, las gomas y el carboncillo. Una disciplina que lleva toda la vida para alcanzar perfección, quizás más que la escultura, la música o la fotografía. Enfrentarse a una hoja de papel o a un lienzo vació, no es tarea fácil. Muchos  maestros del pincel incluso, temen ese primer momento de acercamiento.

Hace años que decidí dedicarme a la pintura Tradicional Chan/Zen, término por el que se le conoce en occidente. EL Chan/Zen es una filosofía budista de imposible transmisión por la palabra. Por lo que este texto se me antoja inútil, y muy alejado de la realidad del Chan/Zen. Tan solo es una sombra del verdadero conocimiento que ha de ser expresado de manos de Maestro a Alumno, con gestos con acciones, no con palabras.

Tratar de explicar que es el Chan/Zen es una tarea inútil como lo es tratar de explicar como se desarrolla su pintura.

Son muchos los, seguidores en el mundo de este tipo de Arte. sin embargo ellos no practican la pintura con el alma de un monje Chan/Zen, simplemente se preocupan de dominar la técnica, las apariencias. De copiar el estilo, de copiar a los maestros, para llegar a dominar el arte.

 

LA ESENCIA Y LA RAZÓN DEL ARTE

Un papel en blanco, un pincel limpio, agua pura,  tinta negra. 

El arte Chan/zen perseguir dibujar la realidad con materiales sencillos, de manera simple, detener el intelecto y la imaginación para experimentar las realidades, sugerir con la mirada, con el difuminar del pincel empapado en agua diluida. Representar la realidad tal y como es y no tal y como nos gustaría que fuera. Eliminar los conceptos de las formas, del método de la propia pintura Zen, para sin seguirlas, conseguir plasmar su esencia. Encontrar la riqueza del cuadro, la escena, la imagen en tan solo un trazo simple que evoque una mirada, una hoja, un río o una montaña.

Descubrir que en las escenas triviales, se encuentra la riqueza de los paisajes más ricos y floridos. Que en la ausencia de color, se encuentra el despertar de los sabores de los frutos, hiervas y montañas representados.

Tratar de alcanzar la perfección de una imagen mediante el cultivo del intento profundo de erradicar el deseo de alcanzar la perfección.

Comprender la armonía e integrar la mano, el pincel, el agua, la tinta, el papel creando una imagen evocadora no real, sino figurada. Para que quien contemple la obra pueda ponerle palabras, gestos, olores, expresiones.

 

MI COMPORTAMIENTO,  MI ACTITUD

El enfrentamiento con el papel blanco, se produce desde el centro de la práctica de la  meditación y la practica del Chan /Zen que llevo ejercitando durante años. Trato así de dar alas, a la pintura, no interfiriendo en el desarrollo de la tinta, permitiendo que el agua fluya y encuentre su camino entre las fibras del papel. Una bella metáfora de nuestro paso por la vida.

No pinto sino practico, el Budismo Chan/Zen.

No me pierdo en la técnica, ni en el papel, ni el resultado, sino en conseguir fluir con ellos, e integrarme humildemente a ellos.

No trato de hacer un cuadro perfecto, sino simplemente hago un cuadro.

No trato de mejorar el anterior, por que todos son perfectos en su intención. Imperfectos en la técnica, mejorables desde el punto de vista de la medida. No así es imperfecto el tiempo, el momento, las emociones que lo crearon.

 

REFLEXIONES

Como monje Budista Chan/Zen considero que alcanzar la paz interior y la felicidad del espíritu no se consigue mediante la observación de la lógica, ni en la Fé, sino en descubrir la naturaleza misma de las cosas. Intuirlas, es el acto supremo de disfrutar plenamente la liberación de tu propia, mente y por tanto de tu iluminación.

El acto de pintar para un monje Chan /Zen dista mucho del acto de pintar de un artista, que trata de desarrollar su arte, de hacerlo crecer y de conocerse mediante el proceso.

El maestro “Chan” ya se ha conocido, ya se ha visto y por eso, liberado de todo perjuicio puede comenzar a pintar en paz y armonía. La pintura que fluye por sus manos es originada por el entendimiento de si mismo, es una consecuencia, no un fin.

Pintar, es parte de la meditación, es abstraerse con los pinceles, de lo que me rodea y contemplar no el lienzo, sino mi interior. Dejando que el tiempo transcurra en calma.

Eliminar el propósito de la intención del cuadro. Eliminar el miedo al fracaso en el trazo que no puede ser modificado en la técnica de la “Tinta china”. Eliminar los deseos, los temores, que ascienden cuando no se controlan.

No permitir que, la mano dirija un pincel, que no se encuentre en calma, en profunda contemplación de su propia naturalidad, para que de forma espontánea, surja por si solo el cuadro. Sin agitación, sin presión, sin fuerza desmedida.

Manteniendo una respiración controlada,  canalizamos nuestra energía interior. Esa es la única intención, de la expresión del arte de la pintura. Permitir que la energía fluya de manera natural, guiando al pincel, a la mano como si el cuadro estuviera ya pintado, en el vacío del papel.

Nada hay que pintar, ya esta pintado.

Maestro Juan Carlos Aguilar 

FOTOGRAFÍA

 

Mis fotos no pretenden nada. Tan solo reflejar el momento y la realidad que mis ojos ven. Entre descriptiva, narrativa y artística. Creo que cada foto es como un libro, algo que cuenta una historia, si miras con atención. Es en realidad un lenguaje más, que ha superado la intención como invento, de plasmar la luz, en una película. No me pierdo en el estudio de la luz, de su gama de colores, ni de la cantidad de trucos que se pueden hacer forzado de película, o tratamiento de laboratorio. Conceptos superados hoy por el Photoshop y la capacidad digital de una cámara.

Yo tan solo planteo que tengo una realidad delante, luego enfoco y disparo. Si la captura no representa lo que veo, entonces me parece una mala foto. Una foto que no se puede leer, que no habla, que no dice nada.

Hay fotos, sorprendentes, elaboradas, planificadas con meses, fotos suaves y ásperas, tristes y alegres, melancólicas y espirituales, Duras, crueles, o místicas. La mayoría de los artistas, quieren impactar, dejar perenne en la retina, la luz y su significado. Creando cada vez más fotos que son, simplemente acrobacias más complicadas.

Yo por el contrario pretendo hacer de mis fotos, documentos profundos de la realidad, comunicación sutil, aparentemente no forzada. Para que el espectador no se sienta avasallado o impactado por la foto. Quisiera que el observador pase suavemente por mis imágenes y que estas no quedasen en la retina. Quiero que la imagen se haga mensaje, palabra. Palabra no escrita, que el espectador ha de formar en su cerebro. Quiero que en el recuerdo solo quede la interpretación del espectador, no la foto. La exhibición es solo una arrogancia.

 

MI TRABAJO EN LA FOTOGRAFIA.

Yo no titulo mis fotos, ni siquiera las clasifico. Cada persona que las mira, las ve de una forma o de otra, dependiendo de su sensibilidad, de su dureza, de su cultura, de su educación, de su estado de ánimo. Por lo que no comparto que alguien haga crítica, sino de la torpeza de la técnica, no de la intención.

Una fotografía es un secreto, una mirada cautiva de los ojos de un testigo mudo. Alguien quien por un momento de observación, congelo el movimiento, de una acto, de un momento, de una escena, de una vida, de un paisaje. Un instante que los demás no vieron.

El fotógrafo es simplemente el testigo mudo, que en silencio para no contaminar la escena, como si de un cazador se tratara, se agazapa y con un permiso no escrito decide contar al mundo, lo que vio, lo que olió, lo que sintió. La mayoría de las veces no se consigue. Un afracción de segundo que nos permite la reflexión. Es la misma teoría del Chan. Congelar el tiempo, detenerlo y poder observarlo con detenimiento. Para captar cada detalle, cada forma, cada figura, sus sombras.

 

LA FOTOGRAFÍA Y LOS MAESTROS AL USO

No considero, que el fotógrafo, es el que gana premios, como yo no soy maestro por haberlos conseguido. Cualquier de nosotros que en silencio, captamos el mundo, tratando de retratarlo. Un artista de la fotografía es otra cosa, es un maestro de la insinuación, de la provocación o también un oportunista o simplemente un afortunado. No comparto como maestro Chan/Zen la visión que muchos de los grandes de la fotografía

Robert Franck, quien pensaba que “para producir un auténtico documento contemporáneo el impacto visual tendría que ser fuerte como para anular la explicación”.

Walker Evans, defendía la igualación de distinciones entre lo bello y lo feo, lo importante y lo trivial.

Weston, llama a la fotografía: Un mundo de desarrollo personal. La fotografía es un maravilloso instrumento para acercarme al mundo, para conocerlo, y así conocerme a mí mismo.

Hermosas palabras. Si, pero un verdadero maestro ascendido no es aquel que plantea filosofías del campo de batalla, ni tampoco aquel que escribe tratados sobre estrategia, sino el que resuelve las batallas, procurando no la victoria sino la pacificación de los pueblos.

Triste versión, de lo que es el arte de la luz. Como maestro Chan, consideramos que el maestro que solo sabe golpear, es el torpe. El maestro que solo sabe hacer ruido es el novato, el que llama la atención violentando, es el desequilibrado. Mis teorías Chan/Zen plantean un reto a todos los grandes de la fotografía. ¿Eres capaz de impresionar a alguien sin golpear su retina? Ese día habrás conseguido la grandeza.

 

CHAN / ZEN

La sutileza, no esta en la técnica, no esta en el éxito de una foto publicada. No esta en la calidad de la foto, ni en la destreza para su obtención. El fotógrafo o artista que esta en constante lucha, siempre persiguiendo la foto que es mejor que la anterior, como yo de niño, es tan solo un iniciado en la fotografía y no un maestro.

Creo que la foto ha de hablar por si misma, no que nosotros hablemos en la foto, no debemos de interferir demasiado. El fotógrafo se pierde en el deseo de querer agradar, se ciega por querer mejorar y se olvida del mensaje que existe en cada momento. Se olvidad de la importancia del origen de la foto, de su propia fuerza. Y se pone ha hablar el.

Incluso aunque el fotógrafo no lo retrate, la foto existe. Esa es mi filosofía. Ni siquiera necesito una cámara.

Pura contradicción Chan/Zen

 

ESCULTURA

 

Llevo modelando figuras de arcilla desde los 12 años, participé en distintos talleres, de escultura, cerámica y dibujo que me fueron posibles en la época escolar. siempre hubo en mis, manos un lápiz, un carboncillo y un papel en blanco. Siempre sentí el impulso de trasformar los materiales, el cartón, el barro, la madera para hacer realidad lo que me mente veía en esos simples materiales, desnudos de forma.

Mis primeros materiales, serios para expresarme, fueron el óleo, la acuarela, el carboncillo, y la arcilla. Como todos los niños, quedaba absorbido por el deseo de copiar una y otra vez, manos, ojos, brazos, paisajes, caballos, etc. Siempre he sentido que el arte esta presente en una gran parte de mi cerebro. Todo lo que construía lo regalaba desinteresadamente. A cualquiera que me decía, que ¡bonito!, yo decía: “¡Toma!, a mi no me gusta”. Siempre pensando en repetir la obra una y otra vez.

Creo que el movimiento de las artes marciales no dista en absoluta de esa idea primigenia, que habitando en mí, me hace ver los movimientos de las artes marciales, como pinceladas de esculturas vivas en movimiento que trasciende a su uso, militar. No veo diferencia entre trazar con un pincel, perfilar contornos en el barro con los dedos, o girar con mi cuerpo y detenerme en una posición de estabilidad.

A menudo fui criticado, por artistas que poseen sus estudios y talleres asentados en las orillas del río. Escultores, Maestros, Artistas Marciales, Bailarines. Ellos defendiendo sus parcelas. Y no les falta razón, yo no tengo sus pilares, sus cimientos. Pero yo no quiero ser clavado al suelo, no quiero ser cegado. Yo habito en el río, en el agua que fluye entre ellos: expresionistas, cubistas, clásicos, modernistas…. Libre y vacío, voy donde quiero.

Clavados al suelo por el yugo de sus propias definiciones, por sus propias limitaciones. Defendiendo la posición y visión de su mente. Los unos, los artistas, ensimismados viven perdidos en el mundo de las formas y colores. Opuesto a ellos los otros con un mente racional, matemática, científica o filosófica, que sólo ven la realidad definida por la conclusión lógica de sus pensamientos. Los pragmáticos, ni artistas ni teóricos, dan por sentado que la realidad es aquella que pueden tocar con sus sentidos.

Para mi, no hay barrera entre esos tres mundos.  Veo el arte de la ciencia, la ciencia de la guerra, la guerra del arte. Eso me hace distinto, pero no equivocado.

 

ESCULTURA.

Busco en la realidad, mediante la fuerza que da la meditación apreciando en una segunda mirada, lo que los ojos no ven.

Intento inspirar sensaciones, sentimientos perpetuados en la solidez de una figura, que se puede tocar, en una figura que expresa movimiento en su quietud, que cuenta una historia, una vida, de alguien quien se detuvo en la vida para sentarse y reflexionar. Un hombre meditando no es una figura, detenida, es fuerza, una potencia que esta a punto de levantarse y seguir su camino. Como lo es la mente del artista.

Toda trabajo de escultura es un equilibrio entre dos fuerzas, la fuerza del creador que se esfuerza en arrancar de los materiales la idea, y la fuerza de los materiales que se resiste a cambiar su forma. Todo con el objetivo de que el observador pueda al contemplar la obra final percibir la pugna que hubo, el combate sutil, que brincó, desde el desolador espacio vacío hasta la consecución y aparición de la figura. Trabajando con las manos pacientemente, se va despertando el alma de la obra. Yo me empeño en pelearme con esas dos energías hasta que llegan a un acuerdo, ceder ambas. Sumarse y crear el todo.

Yo baso mi escultura, en la dinámica de las formas onduladas e integradas, donde el numero 3 siempre esta presente. Trato de que el material, el yeso, la escayola, la madera, trasmute en un escenario cambiante, ya que esta pensado para que sea observado desde un punto de observación y bajo unas condiciones de luz especiales que el espectador a de descubrir. Esa ocultación ese juego con la luz, con las sombras, con las formas, con los surcos en tres, hace que la obra trate de hacer trascender los sentidos del espectador que ha de trasformar su mirada, para poder descubrir la obra.

Trato  de canalizar la energía tridimensional, para que el espectador descubra cambiando su posición, distancia, las distintas emanaciones que provienen de una única figura. En realidad trato de construir deformando las proporciones, como así lo hicieron los antiguos griegos, egipcios o romanos en las columnas en los templos, para que dependiendo del ángulo de observación la figura emita, destellos y señales distintas de las que se pueden alcanzar a percibir en caso de que el observador tan solo dedique un vistazo rápido a la obra.

La luz es el secreto de la obra. Fue bocetada de día, pero perfilada y trabajada de noche. Perfilada bajo la luz de las velas, para observar la evolución de la luz en movimiento. Ese sutil ronronear de la luz de una vela que cambia su posición por el movimiento del aire, haciendo que la luz se difumine, tintinee y genere una sensación de movimiento de apenas un centímetro.

 

MI INSPIRACION

Me inspira la ley perpetua del movimiento, en la ley de la rueda de la vida, del cambio, de la reencarnación y de la transformación del ser, que constituye la definición de la vida. Vida que genera la semilla, semilla que genera nueva vida.

Son obras imperfectas, no tratan de ser copias de la realidad, no aspiro a una perfección de las formas, ni a una perfección que hoy se puede trasmitir con la fotografía. Jamás he pretendido dominar la técnica, como los grandes escultores: Miguel Ángel, Rafael, Bernini, Francois Rude, artesanos, artistas, maestros del cincel, del espíritu y de la visión.

Yo solo juego con la luz, con las formas con los significados alegóricos de la teología Budista. Tan solo trato humildemente, de hacer que el observador descubra el budismo.  Me esfuerzo en hacer que fluya la luz, que la figura creada combine el día y la noche. Que haga que la mente del visitante, tras años de estudio en la práctica del Chan/Zen comprenda sobre la dualidad y evolucione. Es la mente del observador lo que puede llegar a hacer que la obra evolucione, la libere de su quietud. Mientras tanto permanece sentada.