El maestro Budista Shi De Ren, llegado de fuera del Monasterio Shaolin tenía la función de enseñar Budismo, a los alumnos de la escuela Oficial. Era uno más dentro del cuadro docente dentro de la instalación. Sin embargo su función no era estar a disposición de los alumnos extranjeros como yo, sino tan solo de los alumnos chino, matriculados dentro del centro.
Sin embargo su presencia diaria, mañana tarde y noche me permitió convivir con él, de una manera cercana. Viendo como realizaba su trabajo con todos, siempre sonriendo. A pesar de no ser mi maestro, cada día me hacia comentarios, sobre teología aplicada a las artes marciales, planteándome como cada maestro Chan/Zen, preguntas que no podía contestar. Preguntas que no necesitaban respuesta, preguntas que solo tienen la intención de mover el interior.
Un día tras una grave lesión, que sufrí dentro de la escuela, pude ver su enojo, su enfado, trasformándose en un tigre. Me ayudó, se encargó de todo, medicina, hospital, etc. Fue entonces cuando empezó ha hablar de manera más sería. Ambos dejamos de bromear. Hablamos de su frustración al tratar de enseñar Chan /Zen en una escuela llena de personas que tan solo quería ser deportistas o maestros del Kung-Fu, o usar su preparación para entrar en la policía o en el ejercito. La realidad de Shaolin y la realidad sobre los miles y miles de estudiantes que allí se preparan, dista mucho de la idea preconcebida en occidente de que se preparan para ser monjes.
El maestro Shi De Ren, pudo entonces ver que yo realmente no estaba en la escuela oficial para ser un maestro del Kung-Fu Shaolin, o un deportista. Le hablé sobre mi formación, Budista, sobre mi amplia formación como maestro y sobre mi proyecto y verdadera razón por la que me encontraba allí. Por lo que nuestra relación cambio totalmente. El tenía a su cargo un grupo de personas, estudiantes fuera de sus funciones profesor oficial de Budismo. Sin darme cuenta en pocos meses yo, me encontraba dentro de ese grupo. Sin darme cuenta aquel maestro se convirtió en mi verdadero “Guía Espiritual” y los alumnos de aquel grupo se convirtieron en mis hermanos Budistas.