Mas de diez años de trabajo, entrenando, visitando y viviendo en Shaolin, primero como visitante, luego como alumno y finalmente como maestro. Años viajando con ellos, como equipo, en Lóndres, Portugal, Bruselas, Marsella o París. Años haciendo que crezca una relación profesional y personal más allá cualquier interés comercial.
El destino, el río de la vida, me ha conducido hasta esta curiosa posición sobre el escenario. Un mundo que de joven soñé con conquistar, dándole un alto valor como persona y como profesional. En teoría la culminación de una carrera, para cualquier maestro, formar parte del equipo oficial del Monasterio Shaolin de China, como un miembro más, como un integrante más, incluido dentro del grupo de maestros realizando un “Tao Lu” combinado, en categoría de maestros, efectuando un ejercicio libre de Chi Kung.
Sin embargo como maestro Chan/Zen, la realidad de hoy es otra. Y por eso mi actuación esta dedicada por un lado a mi primer maestro, José Luis Aguilar y a mi último maestro “Shi de Ren” mi guía espiritual. Verdadero símbolo de Yin-Yang de mi vida. Comencé siendo un deportista de las Artes Marciales, y terminé monje Chan/Zen, venciendo. Un recorrido que se inició hace 35 años, fraguado en los últimos 10, mi periodo de búsqueda viviendo en Shaolin.
Por eso, esta actuación, estaría cargada de una energía tremendamente poderosa. La poderosa energía de una mente calmada, vencida, forjada en paz. Era hora de disfrutar sobre el escenario, hora de rendir tributo a todos los maestros de Shaolin, directores, instructores y amigos. Y dedicarles a ellos también mi respeto y mi profundo agradecimiento.
Para mí hacer Wushu o Kung-Fu y Chi Kung no forma parte de un trabajo. No tiene el mismo objetivo final, que el de un miembro de un equipo de competición, “Ganar”. No tiene el mismo objetivo que el de un showman, “Agradar”. No tiene el mismo objetivo que el de un guerrero, “Vencer”.
Para mi hacer Wushu-Kung-Fu es tener la oportunidad de enfrentarme una vez más a mi mismo, para vencer las fuerzas tan profundamente arraigadas que existen en todo ser humano para tratar de anular los instintos genéticos naturales que fluyen por el torrente de nuestras venas. Anular el deseo de ganar, de vencer, de ganar el aplauso, de ganar éxito, y de vencer así el miedo a perder, a ser derrotado, de ser rechazado, de fracasar.
Tener la oportunidad de centrarse en canalizar las fuerzas que dirigen ese momento mágico permitiendo integrar todas esas energías, todas esas fuerzas, para dejar que la mente en vació, se desarrolle y fluya con armonía.
Por eso esos minutos, que se suceden a velocidad de vértigo subido al escenario que todo deportista de élite, actor o soldado vive, para mi se convirtieron en un paraíso, en el descanso de tantas horas de trabajo. lo que para otros es el momento de el máximo estrés, para mi es el momento del silencio, lo que para otros es el momento del esfuerzo y tensión muscular, para mi lo es para el descanso y la relajación muscular. Lo que para algunos es el momento del “subidón” sobre la escena, para mi lo es de la relajación y vacío. Pura esencia del descanso de la mente, verdadero triunfo cuando a quien se gana es, a uno mismo.